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29 de abril de 2013

¿EN QUÉ MOMENTO DEJAMOS DE SER NIÑ@S?


Dejamos de ser niñ@s cuando:

Perdemos nuestra capacidad de asombrarnos de lo simple.

Dejamos de jugar y comenzamos a competir.

Dejamos de soñar despiertos.

Dejamos de creer en fantasías.

Renunciamos a la imaginación en pro de la realidad.

Dejamos de ser como queremos y comezamos a ser como debemos.

Nos preocupan más las opiniones que tienen los demás acerca de nosotros que la propia.

Nuestra apariencia se vuelve más importante que sentirnos a gusto.

Nuestro cumpleaños deja de entusiasmarnos.

Ante nuestros ojos, los objetos que nos rodean son exactamente lo que nos dijeron que eran.

Cambiamos los dibujos animados por los noticiarios y además les creemos sin cuestionar.

Dejamos de preguntarnos cosas.

Dejamos de pedir deseos a las estrellas.

Dejamos de ser niños no porque crecemos sino porque permitimos que la realidad nos rebase.

22 de abril de 2013

¡DÍA MUNDIAL DEL LIBRO!




Cada año, desde 1930, el 23 de abril, en el marco del aniversario luctuoso de Miguel de Cervantes Saavedra* y William Shakespeare*, se celebra el Día Mundial del Libro, merced a una declaratoria de la Organizacion de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés).

En el octagésimo tercer aniversario de esta fiesta mundial, celebramos que un libro es:

 
- Más que un hatajo de hojas de papel cubiertas con tinta.
 
- Un amigo, un compañero y un consejero cuyo contenido puede cambiar tu vida.
 
- Un excelente maestro, pues te repite la lección las veces que quieras.
 
- Un detonador de catarsis.
 
- Una boca que te habla a los ojos.
 
- Una voz que le cuenta una historia diferente a cada lector a partir de los mismos elementos.
 
- Un recipiente que contiene conocimiento para todos los gustos, intereses y necesidades.
 
- Algo vivo que permanece en letargo hasta que alguien lo lee.
 
- Una llave maestra que abre todas las puertas del conocimiento.
 
- Una fuente de inspiración.

- Un vehículo inmóvil para soñar despierto.
 
- Algo que jamás debe faltar en tu vida.
 
Y para ti: ¿qué es un libro?

* Tanto el vate español como el bardo británico, dos de las más grandes plumas en la historia de la humanidad, vieron la última luz el 23 de abril de 1616. 

13 de abril de 2013

YO NO FUI, FUE TETÉ…


Las más de las veces nos quejamos por cosas cuya solución tiene que ver con nosotros. Nos autosaboteamos, autocesuramos y luego, claro, nos quejamos y culpamos a otros por el estado de cosas de nuestra realidad, pues rara vez nos autocriticamos.

Quejarnos está en nuestra naturaleza. Es algo inherente a la condición humana, lo mismo que deslindar culpas.

Nos quejamos de la escuela, de los profesores. Si no saben  o si se las dan de sabiondos y marisabidillas. Si nos dejan tareas o lecturas en exceso, o si no lo hacen. Pero cuando la pelota está en nuestra cancha somos irresponsables, procrastinamos en exceso, no leemos ni participamos en clase, hacemos trabajos importantes a la última hora o al “ahí se va”. Nos da pena preguntar y nos quedamos con dudas, y en muchas ocasiones no prestamos atención a las clases o simplemente somos conformistas con el conocimiento y no vamos más allá de lo que se nos ofrece. Bueno, ni siquiera lo cuestionamos.

Nos quejamos del trabajo si es excesivo, si es de poca responsabilidad, si está mal remunerado, si otros menos capacitados nos mandan, si las cosas no se hacen como creemos que deberían hacerse; pero cuando cometemos un error, de inmediato buscamos barrerlo bajo el tapete, cuando no a quién culpar por el mismo o, al menos, con quien compartir la culpa, aun cuando no pensamos así al momento de tener aciertos, pues éstos serán siempre sólo nuestros.

Nos quejamos de nuestros padres si son muy estrictos, si no nos ponen atención, si son sobreprotectores, si nos dejan a la buena de Dios, si no nos dan permisos o dinero, o si nos dan demasiados con tal de deshacerse de nosotros. Sin embargo, en casa somos desobligados, desordenados, faltos de comedimiento, exigentes, desperdiciados y, en ocasiones, incluso sucios.

Nos quejamos del gobierno si es corrupto, represor y nepotista, pero no acudimos a las urnas para elegir cuando se nos da la opción.

Nos quejamos de los precios de las cosas, pero continuamos pagándolos.

Nos quejamos de los demás, si tiran basura en la calle, si escupen, si no se cubren la boca cuando tosen o estornudan en un lugar público; si son escandalosos, si desperdician agua o alimentos, no así cuando lo hacemos nosotros, pues siempre tendremos alguna justificación que nos resulte válida para hacerlo.

Nos quejamos de nuestro físico, de nuestra condición económica, de nuestro estado de salud... pero aun cuando podríamos poner de nuestra parte para generar el cambio, preferimos buscar en quién o qué deslindar esa responsabilidad. 

Nos quejamos de las leyes, de la falta de oportunidades, de nuestra realidad, pues, como si dependiera de otros el cambiarla.  En resumidas cuentas, nos quejamos de todo y de todos, excepto de nosotros, quienes siempre tenemos la razón y los mejores argumentos para ser las víctimas perfectas. 

Así las cosas, mientras no seamos responsables de nosotros mismos y busquemos siempre culpar a terceros, nuestra realidad no cambiará.

Por cierto, este texto no lo escribí yo, por si alguien tiene alguna queja al respecto...

6 de abril de 2013

LOS TIPOS DUROS NO BAILAN…*


El baile es la frustración vertical de un deseo horizontal
Vox populi

Más allá de la visión antropológica del acto de bailar como una alegoría sexual, de la danza como manifestación cultural que nos da sentido de pertenencia y forma parte de nuestra identidad, así como de las consabidas cuestiones rituales, existen una gran cantidad de connotaciones asociadas con esta actividad humana que no guardan relación con el movimiento corporal al compás de la música. He aquí algunas de ellas.

Que me quiten lo bailado, decimos para hacer referencia a algo que nos ha prodigado alegría o un beneficio personal, aun cuando a posteriori tengamos que pagar una factura elevada por ello. En ocasiones es un mero consuelo. Un eufemismo de tintes triunfalistas ante algo que no tiene mucho o de plano nada para celebrarse.

Se lo llevaron al baile. Expresión que se emplea para señalar que alguien ha sido burlado, engañado, defraudado o víctima de algún tipo de abuso. En todo caso, que le vieron la cara.

Le tocó bailar con la más fea. Se dice cuando la suerte, la decisión directa de un tercero o cualquier otra circunstancia orillan a alguien a recibir la peor parte de algo.

Ya bailó. Fórmula que denota fracaso o resultados adversos a los esperados, es decir, que a alguien se le negó el chingosio o se lo cargó el payaso. Una variante muy socorrida de esta expresión es Ya bailó Bertha, cuya fonetica alude a una forma vulgar de referirse al órgano reproductor masculino. Se utiliza para enfatizar el suceso fallido. También se emplea como exclamación cuando a uno lo cachan en la maroma, le caen en la movida o lo agarran con las manos en la masa. También se emplea como señalamiento de que alguien colgó los tenis, entregó el equipo, felpó o murió, pues.

Le pusieron un baile o Le dieron un baile. Contra lo que pudiera pensarse, esta expresión no se refiere a que a alguien lo incluyeron un montaje coreográfico, ni mucho menos que le obsequiaron a la pupila con un privado o un “pole dance”, sino a que le propinaron una soberana zurra. También se emplea con singular recurrencia en las crónicas deportivas para indicar que un equipo arrasó con otro o un deportista con sus competidores.

Bailar el muñeco. Expresión vulgar que se emplea para hacer referencia a los movimientos realizados por el hombre durante el acto sexual.

Andar bailando la manzanilla. Dícese de las personas que no pueden estar en paz y que se desplazan continuamente de un lugar a otro con absoluta sinrazón. Mi abuela paterna (qepd), quien era aficionada a esta frase, decía de quienes se la pasan bailando o danzando la manzanilla que tienen “chincualo” en la cola, en referencia al nahuatlismo que designa el salpullido en esa parte de la anatomía humana donde la espalada cambia de nombre.

Bailar de cartoncito de cerveza. Otrora indicaba una forma de tomar a la mujer con ambas manos por debajo de los glúteos durante el baile, simulando cargar una caja de gaseosas de cebada desde la base para evitar su desfonde. En la actualidad ya no llama la atención desde que llegó el llamado “perreo”, que está a un paso del coito musicalizado y que haría ruborizarse a la tribu protagonista de los Festejos de Boda, de Naguib Mahfouz.

Bailar de bolsita de pan. Variante del baile de cartoncito de cerveza, que imita una persona que carga una bolsa de pan desde la base con una mano, mientras con la otra extrae de ella un pan para degustar en el camino de vuelta a casa. Ejercite el lector su imaginación…

Que te manden a Chihuahua a un baile. Que te manden a chiflar a tu mauser, a mingar a tu chadre o a la chingada, pues. Que te conviden a visitar un lugar muy, pero muy lejano, con boleto sólo de ida.

Tener dos pies izquierdos. Dícese de las personas que no bailan debido a su falta de habilidad para hacerlo o que en el intento sólo ponen de manifiesto que podrían ser buenas para cualquier cosa en la vida excepto para bailar.

Sacarle brillo al piso, gastarse las suelas, sacudir el esqueleto, mover el bote y sacudirse la polilla, entre otras, son expresiones que, en efecto, se refieren a los movimientos corporales cadenciosos y rítmicos que se llevan a cabo al compás de la música, conocidos coloquialmente como bailar. ¿Y tú, bailas, te bailan o ya bailaste?


*"Los tipos duros no bailan" es el título de una estupenda novela de Norman Mailer, clasificada dentro del género negro.